Y ese estruendo casi divino
cuando se quiebran todos los sentidos
con un rocanrol,
fue el que jugo todo el tiempo en mi mente
como abogado y libero para siempre
a esta ciega razón de vivir.
Ahora y siempre, vivir solo cuesta vida. Te voy a regalar cada uno de mis segundos, y vas a ver, que nada es de mentira, que uno se equivoca para arreglar las cosas, y que, si no se llega a lo que se quiere, nada es en vano.
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