miércoles, 15 de septiembre de 2010

No entiendo por qué me tengo que levantar llorando y me tengo que dormir llorando. No encuentro el equilibrio si no estás. Me da bronca, porque creí que iba a aguantar cualquier cosa, que iba a poder vivir para encontrar. Ahora caigo que necesito encontrar para vivir.
Hay ángeles y ángeles (allí, en el suelo!), hoy me doy vuelta hacia la vida, le pongo el pecho. Quiero vivir, quiero volver a sentir. Hay un sólo ángel que me ayuda, y es el mismo que estuvo siempre. Es el más fiel, y el que me hace seguir, a pesar de creer que seguir es el camino más dificil, improbable y el que tiene más posibilidades de fracasar.

Le agradezco a mi santo, el de los que no se cree ninguna, por haberme engañado otra vez, y dejarme a tus pies como un ciego que busca y encuentra, después de perderse hasta enloquecer.


El otro día me crucé con un amigo que hacía mucho que no veía. Lo lindo de todo esto, es que siempre va a haber algo nuevo. Replegadas y acechando. Creo en la muerte sólo si es el mejor pasaje, si. Por ahora, las lágrimas no llegan a la muerte (tal vez sólo estén a la vuelta de la esquina), y eso es lo lindo. Hay esperanza, en mí.
Antes tenía todo, y yo podía decidir. Decidí destruirme, destruirte. Hoy, cuando no tengo el poder de decidir, voy a marcar el destino. No creo en las casualidades, y menos en el destino. No creo en Dios (o en un sólo Dios), creo en la gente. Creo en mí, CREO EN MÍ. SÍ, ESCÚCHENLÓ, POR DIOS, CREO EN MÍ. Creo en vos, creo en mis amigos, creo en los que siempre estuvieron. Aquí o allá, qué más da. Creo en todo lo que sea de verdad. Mis amigos son de verdad, vos sos de verdad. NOSOTROS puede ser verdad.



O no.

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