lunes, 27 de septiembre de 2010

Hoy estoy mirando fijo a un punto en la pared. No lo pierdo de vista ni un segundo. Algunos creen que estoy medio loco, pero sinceramente, la demencia es otra cosa. Uno, por mirar la pared, no delira. Más alla de lo que la gente piensa, uno es sólo lo que es.
Me tomé cierto tiempo, pero no para mí. No quiero ver lo que soy, lo que fui, y lo que pude ser. Quise saber dónde estaba parado en relación a los demás. Y me di cuenta que siempre tuve una forma de verme, de ver a la gente, distinta de lo que hubiera querido.
Vuelvo. El otro día sentí que ese bendito (o maldito) punto en la pared me respondía algo que yo no podía, o no quería entender. De a poco intenté acercarme, ver que pasaba, comprender si era a mí a quién le estaba hablando.
Creo que estoy aprendiendo, que de a poco voy entendiendo las cosas que me dice. Ese punto, maldito punto, me hablaba a mí, y nada más que a mí (como tantos otros le hablarán a otra gente). Lo que me dijo, prometí no revelarlo, a menos que haya alguien que lo pueda entender con sólo verme, sentirme, hablarme, conocerme.
Me habló de tantas cosas, y tan pocas a la vez.
Mi punto de vista, es que tiene un poco de razón, y a la vez está equivocado. Se lo dije, y él, terco, no me hizo caso. Terminé peleando. Me ganó, obviamente, me rebotó las piñas, y con una sola mirada me volteó hasta dejarme llorando como un nene.
Sigo pensando que en algunas cosas, no tiene razón. Y por eso, hoy sigo peleando contra ese punto, que se hace llamar razón, cordura, porque estoy convencido que hay una parte en él que no puede pensar más allá.
No hay que rendirle cuentas tampoco, es sólo un punto y nada más. La pared tiene infinitos, y todos se pelean y discuten. Razón es limitado, como todos los demás, porque ellos, por si solos, no hacen nada.
Nadie, por si solo, hace nada. Las grandes metas son de a pares. Todo en esta vida es de a pares, y no pretendo que nadie entienda lo que digo. Se lo dije a Razón y no lo entendió.
En el mundo hay infinitas cosas, pero son pares. Nunca hay una de más, ni una de menos. El que existe, existe porque busca un sentido, y capaz que otro busque el sentido contrario.
Hoy, encontré el sentido, y estoy buscando el camino. Razón no me comprende porque es solo un punto, y no siente, ni llora, ni grita, ni sufre, ni ama. Eso es lo que le falta.
Razón me pidió que abandonara aquello que es imposible, y es tan sencillo darle la razón, que quise ver un poco más allá. Acá, nada es lo que parece. Por eso voy a seguir discutiendo con él, hasta que alguno de los dos entienda que está equivocado. Que ironía, saber que ninguno de los dos va a aceptar esto.
Razón está cerrado en su postura, y nunca va a poder abrirse. Mi corazón se boxea con la vida todos los días, y Razón no lo entiende. Yo sí, yo lo abrazo y lo consuelo. Lo consuelo con la mente (la misma que lo traicionó), y intento darle amparo.
Razón entiende a mi mente, y no a mi corazón. Es lógico, está bien que sea así. Razón está para entender a mi mente. Sin embargo, siento (creo) que hay una cosa muy dificil de explicar y muy facil de sentir que influye muchísimo en la mente.
Ya lo dije antes, yo no creo en milagros, pero la vida me sorprendió con uno. Razón me da lástima, me hace sentir pena (por mí, además) saber que hay gente que no puede soportar la realidad.
Razón entiende la realidad mejor que nadie (para eso está hecho), y otra vez, el terco vuelvo a ser yo.

Que un punto en la pared me hable no es un milagro, en todo caso es una ilusión. Ahora, que esos ojos me sigan hablando después de morirme incontadas veces, no tiene sentido natural, no tiene razón, y Razón entiende que no tiene sentido.
Eso, eso es un milagro.

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