Se arrodilló y contempló en lo que se había convertido. Alguien, hace muchos años, dijo que la cuarta guerra mundial sería con palos y piedras. No estaba tan alejado. El mundo estaba destrozado. Aquella ilusión de la ciudad paraíso se desparramó sobre el fuego ardiente que se desataba frente a esos ojos.
No seas iluso. Deberías saber que en este mundo, todo el que se equivoca, muere. ¿Quién te enseñó que existen muchas oportunidades? Posiblemente no haya una directriz, ni una generatriz que trace tanta miseria. Ja, que ironía. Y tu querías creer en el futuro. ¿Es que no te das cuenta que no existe nada real, más que la mentira?
Tu sabes, hombre, si juntas todas las piezas del rompecabezas, solo lograrás armarlo. No es real. Es solo un rompecabezas. Los años te hicieron aprender que los reyes ya no reinan más que sus pantalones. Qué es el amor, entonces, te preguntarás. También arde, lleno de odio y rencor, ¿el suspiro final será tirando piedras, porque es lo único que queda? Si es así, no quiero verlo. No quiero verlo más.
Los amores cobardes no llegan a amores ni a historias, se quedan ahí. Encontramos frialdad y miedo en la decisión de abrazar. ¿Es que sigue vivo el sexo con amor? No puedo responderlo, si acaso todavía fracaso hasta en mi imaginación. Es que podrían ser cinco, tal vez seis, al lado de algo insulso que me da ganas de vomitar.
La música siempre te dio amor, o por lo menos te sirvió de almohada cuando los demás te arrancaron el corazón. Cuál es la gracia de las drogas, de una orgía sorpresa, si al fin y al cabo, la mañana siguiente solo sirve para no recordar nada. No, nene, no necesitas más que eso. Una orgía sorpresa. Y púdrete y entiende que en este mundo salvaje, donde los reyes se esconden bajo la cama, ya no hay futuro.
No hay futuro.
Pero, siempre existe la excepción a la regla. Más allá de lo que un ignorante como yo pueda escribir o no, hay algo que no depende de mí ni de nadie en particular. Como una madre, cuando ve a su hijo y siente dolor, o como un hermano menor que admira al mayor, como un nieto que abraza a su abuela casi ciega, o ya acostada en una cama. Las lágrimas, corazón, no son en vano. Casi nada es en vano. Alguien puede ahorrar toda su vida para ir a conocer un lugar, y lo conoce durante un par de horas, y luego entiende que su vida solo existió por esas horas. Todo el trabajo, el esfuerzo, por un par de horas.
Creo que él entendió que la gente puede caerse y no volver a levantarse (que vulgar que soy), y justamente por eso, decidió que no existe el más allá. Que el cielo puede esperar. Que la vida está hecha solo para mostrar el pecho, y para "ahorrar" para ese viaje.
Como dice Milanés,
"Esto no puede ser no mas que una canción
quisiera fuera una declaración de amorromantica sin reparar en formas tales
que ponga freno a lo que siento ahora a raudales."
Quiero citar algo que creo que finge ser un sol, y es un abismo. Ya no sirve de nada poner como sigue la canción, ¿verdad? Ahora, que te han golpeado, que has caído y no has sabido como levantarte, te han torturado las canciones hasta el punto de no querer oír un lamento, te has sentido miserablemente estúpido. ¿Crees en la guerra? ¿Crees que aquí gana el más fuerte, el mas insensible, el que no da oportunidades? Si bien la gente no puede aprender de sus errores, ¿entonces qué nos queda, además de palos y piedras?
No voy a negarlo, el mundo está encendido de fuego, como una hoguera donde todo se quema y ya nada importa. Los huesos se están consumiendo, y el fuego entra donde duele. Pero no se siente morir, porque todavía hay algo dentro suyo.
Nuevamente, no puedo decir que fuese verdad que quedará vivo el que confía. Estaría mintiendo, porque la gente que se la jugó por lo que amaba, terminó muriendo por amor. Pero creo que es mejor morir por amor que preguntarse qué hubiera pasado. Hablo del amor de una madre, del de un hermano, del de un amigo, y del de un amante.
De corazón tan vulgar como para llegar lejos, lo único que le quedó a este hombre fue la ilusión, nuevamente. Quiso ser una canción, y todavía lo quiere. Quiere que lo recuerden por haber triunfado, y no por ser un fracaso. Entre otras cosas, el mundo le mostró la total hipocresía en la que está sumido. Pero eso no lo desmoronó, ni desató su furia salvaje. Pensó hasta que el cerebro y el corazón estuvieran de acuerdos en una cosa. Posiblemente sería tan difícil encontrar algo así, que moriría en el intento. Sin embargo, se enamoró de su pensamiento, de su sentir. Quiso llegar más allá.
Me preguntan como es el final de nuestra historia. Pues no lo sé. No puedo saberlo. Hay cosas imposibles, no debemos ser ilusos. Pero el sueño está tan cerca como nunca lo vimos antes. El milagro ha cambiado, si, por única vez en nuestras vidas. ¿Qué espera aquél hombre, entonces? Por qué no es un Che Guevara, un Maradona o un ídolo al que conocemos y nos parece que estuviese tan lejos? Voy a responderlo. Es un hombre que no tiene más fuerza que la de su brazo y la de su corazón. Y su sueño no ansía dinero, ni poder, ni esa orgía sorpresa. Es tan sencillo, el sueño. Y tan imposible. Su cabeza entiende que no existe la posibilidad de volver atrás. Es por eso que la cicatriz permanece. Y te juro, como él, que nunca se irá, pase lo que pase.
Es que prefiero vivir lleno de cicatrices, a morir con el corazón sano, pero sin amor. Sin creer en más mentiras de las que estoy diciendo, estoy convecido que hay un camino, y que quiero pudrirme en mi verdad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario