lunes, 18 de enero de 2010

Sentado en la vereda, allí sin más, Roberto sentía la sangre latir en todo el cuerpo. Su aparente tranquilidad daba la idea de una paz interior, aunque la rabia crecía cada vez más. "No pienses más. Pensando así, no pienses más" se decía para consolar la angustia. Las falsas mentiras de lo que no existe lo habían seducido, y él, tan ciegamente, había confiado en una mano que le impedía avanzar hasta la meta, hasta la parte más alta de el horizonte (siempre turbio escalón), y lo retenía, guardando todos los sentimientos bien adentro.
Siguió sentado en la calle, un rato más, reteniendo un grito ahogado en la garganta. De vez en cuando tenía un suave impulso a patalear, o a descargar adrenalina.
Pensando en ti, no pienso en mí. Pensando en vos, no pienso más.

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