Ojalá pudiera llevar toda esto a algo productivo. Mi gotera ya no gotea más, y tengo un aparato que no exprime y que sólo gasta electricidad. Me están robando las ganas y la fuerza. No me gusta estar así, conmigo. Las campanas de las puertas del nuevo cielo bailan pidiendo un poco de paz. Sólo dentro de mí encuentro rápidez, salidas. Me falta el cable que me conecta con la realidad. Ya no quiero más salir afuera. Afuera hace frío, no hay sol, y yo no estoy vestido. Quiero entrar donde no haya nada malo, pero se complica cada vez mas. Lo que yo creía cerca, cada día está más lejos. Y ya no tengo miedo, tengo odio, bronca. La sangre siempre fue roja, y ahora es bordó. Ya vi como se volvía negra, azabache, y no conseguí sacarle el veneno por las buenas. No quiero volver a llenarme de mentiras.
El tiempo me enseñó que la mentira tiene patas cortas, y que la verdad lastima sólo al principio. Que el sueño no es el que uno sueña cuando duerme, ni que la esperanza no cambia, ni se hace verdad. No quiero más que me des con cuentagotas tu amor.
Me da bronca también, no tener la claridad de antes. El orgullo de ser quien sos. Desapareció, se lo llevó el viento, una vez más. Por eso debe ser que me gusta tanto la música, ese REY que tanto espero y sigo esperando desde hace mucho. Extraño, si. Mucho. Y me duele extrañar. Vivo en el pasado de un rock que me astilla las entrañas. Me duele, me sufre.
Te pido, cupido, que te hagas amigo de la noche y del dolor. Y me consuelo pensando que el rey de ha muerto, pero no se ha olvidado, que el rock and roll no morirá jamás. Pero Pappo dijo lo mismo. Es dificil volver a sentir esa libertad sin encerrarse entre cuatro paredes y dos ojos, que quedan desnudos frente al espejo de lo que no es real, de lo ficticio y cruel.
Más de una persona quedó reflejada en el agua bendita, que nos muestra como somos, ya sea dentro o fuera de lo real. Nos muestra quienes somos, y hasta donde estiramos lo que queremos ser.
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