martes, 4 de agosto de 2009

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Una y otra vez empiezo a escribir, pero me caigo, me pierdo. Empiezo con una ilusión que, antes de cualquier apogeo, se destroza en mil pedazos. Un segundo. Un segundo de felicidad y mil de pelea. Ya nada aquí me divierte, como solía ocurrir. Voy persiguiendo mi risa, pero ella deprisa se fuga, escapando una y otra vez del terrible poder de mi imaginación.
Somos presos de nuestras palabras, pero más atrapados estamos en nuestros hechos, en nuestra libertad. Atrapado en libertad. Sí. Me pierdo. Siento una chispa adentro que no puede hacerse fuego, una chispa que no crece, que se hace agua. Aquí, allá, adónde, por qué. Un mundo que se crea infinitamente pero que esa puta realidad te lo tira abajo una, otra, otra, y otra vez. Hasta que llega un día que no tenés más fuerzas para seguir, y te derrumbas, o crees que te derrumbas. Crees que no podés caer más abajo de donde estás. Pero te mentís, te figuras una realidad que puede ser veinte veces peor. Y después, el miedo. Fría sensación de soledad y ambición. El miedo. Te pide que seas su amigo, no te quiere dejar, y vos, ya sin fuerzas para seguir teniendo esa chispa, esa ilusión, te volvés a caer.
Me dicen que la vida no es tan compleja, que uno puede salir adelante sin tantos problemas y teniendo claras las metas. Pero mi problema no es salir adelante. Siempre que me lo propongo salgo adelante. Mi problema es ese mundito, ese pesado culo de metal que se planta y se convierte en una pared que ni siquiera me escucha, y yo, fingiendo mi lucha, engañándome otra vez.
Hay mundos y mundos. Están los mundos fríos y mentirosos, están los mundos de soledad, los de compasión, los de indiferencia. También existen los verdes y azules, los del crimen, pensar o actuar, los de la música, los del arte.
Yo creo que vivo en un mundo apartado del curso de la sociedad. Estoy adentro pero estoy afuera. No consigo entrar, no tengo claro qué quiero hacer, en qué quiero poner todas mis fichas. Me siento sólo. Siempre me sentí solo. Nadie me puede decir que quiero y eso me da miedo. Se le acaba la ironía a la vida con tremenda soledad. I used to love this rock and roll world but, now I love this suicide world, dijo Luca. Y ahora es preso de sus frases. Sentía lo que dijo, vivía en un mundo de heroína y alcohol. Pareciese que el poder más fuerte y terrible es el de la adicción. Esta maldita ironía de los dioses de darnos los ojos de Borges…

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