lunes, 14 de junio de 2010

Ahora sí. Esta vez no va a explotar. Se muestra como la matrix, aunque no sepan nada de ella (no sepamos). Creo que (por fin! por fin!) las cosas pueden ser como yo las decido. También me suena como un inicio, aunque no sé muy bien qué quiero empezar. Gualicho, no sos (con lo que cuesta armar un puto full). Estoy en un momento que no puedo controlarme sólo, no puedo entender qué es lo que pretendo no saber. Las despedidas son esos dolores dulces.
Pero esta vez no habrá despedidas. O en todo caso, existirán sólo de lo malo. Ese que está allí en el espejo ya no quiere ser real. No puedo criticar mi pasado, y menos mi futuro, pero si el presente. Si me equivoco mucho, no creo que me salve la falsa idea esta vez.
Perdón a la fidelidad de la amistad, si así puede decirse, y perdón a mi mismo. No creo que leas esto, no creo que entres ya. Pero jugando al olvido, no me quedan inventos. No quiero jugar más, pero no tengo ganas de parar.
Cuando estamos juntos ya no me pregunto por qué luchar. Y sin embargo, el reloj ya no gira para atrás, y las frases mentirosas, llenas de hipocresía, ya no te afectan tanto. No supe enfrentar las cosas y la noche se nubla con un tono gris (va porco rex a porno rock).
El último bondi está por salir, y no creo que esta vez vaya a Finisterre. Mi ángel guardián es de todos el más tonto que hay, y sin embargo, estoy acá, parado, de pie, gracias a todos los que me apoyaban, a mi familia, a mis amigos.

Un capitán en la estación, para subir (a tu espacio en algún tren me voy a ir).

La tierra gira hoy, menos veloz. En ciertas cosas el diablo siempre es neutral. Pasará, ya pasará, este espejismo, pasará.
Ahora si, creo que la perfección está en muchas cosas. No creo que cada uno tenga una misión, sino que la misión es interna. Uno debe llegar hasta donde quiere llegar. Lo mejor de nuestra piel es que no nos deja huir, Magui, creo que lo sabemos mejor que nadie.
Por primera vez, tengo miedo de no hacer bien mi papel. Contra las cuerdas voy a desafinar canciones triste dueñas del corazón. Ya no me arrepiento. Ni dejo de pensar. El error más grande es dejar de pensar en lo que uno cree. Que la idea sea el sol y el milagro no cambie ni se haga verdad.
No me pregunten más que ya no quiero contestar. Tengo muchísimo y me estoy quedando sin nada para dar. Pero no dejo de creer en mí, porque a pesar de ser otra persona, hay momentos en que no recuerdo nada, y hay momentos en que lo bueno vuelve.
En general, dicen que lo que vuelve, siempre es peor a lo anterior. Sinceramente, opino que no es necesario perder la ilusión, pero que es obligatorio crecer, madurar. La vida me pegó antes de lo que yo creía, antes de lo que debía. Y lo sentí, me pudrí, me pudrí. No me estoy excusando, para nada. Cada uno es dueño y testigo de lo que hace, y el único testigo que es incorrompible (o que no voy a permitir corromper) es uno mismo. Yo no me voy a corromper.
Yo no me voy a corromper.

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